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23/4/17

Father's Love

Hola muy buenas tardes <3
Hago esta entrada rapidita para dejarles por fin el capítulo 33 de este hermoso fic <3
Muchas gracias por sus comentarios y amor a este fic <3
Y como siempre éste va dedicado a mi querida amiga Mari :3 <3



Tema: Father's Love
Extensión: Serial
Parejas: Varias 
Autora: Akari-chan

Capítulo 33
*Keito*
- Ayumi-chan, ve y prepara una habitación para Daiki, que esta noche va a quedarse con nosotros, buenas noches a todos – dice mi papá con algo de nervios y con un leve sonrojo adornando sus mejillas, yéndose rápidamente hacia su habitación. Haciéndome sentir curiosidad de saber que estaba pasando en su oficina antes de que interrumpiera.
- Con gusto Yokoyama-sama, que pase buena noche – dice ella alegremente haciendo una reverencia, para después seguir con su camino.
- Espera… - Dice mi hermano, haciendo que Ayumi-chan se detenga.
- ¿Necesita algo Joven? – Pregunta ella mirando a mi hermano.
- Bueno, es que yo… - Dice con voz temblorosa. Sonrío ante tal acción, creo saber qué es lo que quiere.
- Creo que lo que mi hermano quiere decir es que no le molestaría que Dai-chan duerma en su habitación – digo abrazando a mi hermano por los hombros.
- ¡Keito! – Exclama nervioso, apartándose de mi lado.
- ¿Acaso no quieres eso? ¿Qué dices Dai-chan? – Vuelvo a reír divertido al ver las expresiones de ambos, están tan rojos como tomates.
- Joven Keito, no los avergüences así – dice ella sin aguantar un poco la risa.
- Bueno, ya que no van a decir nada – sonrío -  Ayumi-chan, Dai-chan dormirá con Kei, así que no hay que preparar ninguna habitación para él.
- Como ordene Joven Keito – dice ella sonriente, retirándose para volver a sus quehaceres.
Los miro nuevamente, riendo internamente de verlos rojos hasta los pies, con sus bocas entre abiertas, como si trataran de decir algo, pero nada sale de ellas. Sonrío nuevamente, diciendo un “Hasta mañana”, dándole una palmada en el hombro a cada uno, antes de encaminarme a mi habitación.

*Kei*
- Entonces… ¿Dormiremos juntos? – Pregunta Daiki acabando con el silencio que se había formado en la sala.
- Eso parece… - Digo un poco avergonzado, sobre todo porque exactamente era eso lo que quería decirle a Ayumi-chan, pero por lo apenado que estaba, no pude decírselo apropiadamente y más vergonzoso es que mi hermano menor si lo hiciera – Aunque si no quieres, puedo pedir que te preparen…
- No, no hay problema – dice antes de poder terminar lo que iba a decir, tomándome del brazo y sonriéndome dulcemente – no me molesta dormir contigo, de hecho, me encantaría – dice sonriendo dulcemente, levemente sonrojado – aunque si quieres que hagamos algo más además de dormir, pues no me quejaré.
- Dai-chan… Ya habíamos quedado en que…
- No te estoy hablando de que tengamos sexo – dice sonriente, haciéndome avergonzar más de lo que ya estoy.
- ¿Entonces de qué? – Pregunto confundido.
- Es que me gustó el videojuego que estábamos jugando con Keito en su habitación – dice haciendo puchero – y pues quiero seguir jugándolo.
- Ah, era eso… - Susurro apenado.
- Aunque si quieres, después de jugar podríamos jugar a las caricias profundas – dice mi novio, entrelazando sus brazos en mi cuello.
- Y yo pensado que era el de las ideas pervertidas – digo sonriendo nervioso – vamos a pedirle la consola a Keito – digo tomando finalmente su mano, subiendo las escaleras.

*Maruyama Ryuhei*
- ¡Maru idiota! ¡Maru idiota! – Exclamo completamente molesto mientras doy vueltas por toda mi habitación, cómo si el regañarme a mí mismo pudiera servir de algo.
Pero no sabía qué más hacer, mi cerebro reproducía una y otra vez lo acontecido un par de horas antes y por más que me he lavado la boca más de diez veces ese sabor de sus labios no ha desaparecido. He de parecer una de esas jovencitas que todavía está eufórica después de haber dado su primer beso con el chico de sus sueños.
- ¿Por qué después de tanto tiempo jurando que lo odio, caigo tan fácil por un simple beso? ¿Por qué a pesar de todo lo sigo deseando? Lo sigo amando… - Susurro acostándome sobre mi cama, tratando de dormir, pero simplemente no puedo, todo mi ser se encuentra ansioso.

*Yokoyama You* 
- Papi…
- No, no te lo diré.
- Pero si no he dicho nada – dice con reproche.
- Porque yo sé lo que vas a preguntar.
- ¿Pero cómo sabes que te voy a preguntar sobre eso?
- Porque lo sé y punto.
- Pero quiero saber qué pasó en tu oficina con Maru-sensei – dice mi hijo menor con picardía – además yo fui el que lo invitó, así que tengo derecho a saberlo.
- No pasó nada interesante.
- ¿Entonces por qué te sonrojas?
- ¡No estoy sonrojado!
- ¡Vamos, dime!
- Sí, dinos Yoko-chan – dice Aiba entrando como si nada a la sala del comedor.
- ¿Tú qué haces aquí? – Pregunto sorprendido.
- ¿No lo ves? Pues vengo a desayunar y porque Keito me llamó anoche contándome sobre la visita de ayer. ¿Por qué no me invitaron?
- Keito ¿por qué tenías que llamarlo?
- Porque Tío Aiba es nuestro aliado – dice sonriente.
- No nos cambies el tema Yoko-chan y responde – dice sentándose a mi lado, dejándome ambos totalmente acorralado.
- Sí, papi dinos – dice Keito suplicante.
- Está bien, pero por favor no le vayan a decir nada a nadie, sobre todo tú Aiba, no le vayas a comentar algo a Maru al respecto – digo serio.
- Ok, no lo haré – dice levantando su mano en señal de juramento.
- Yo tampoco – dice Keito levantando igualmente su mano.
- Nos besamos – digo rápidamente un poco avergonzado de decir aquello frente a mi hijo y el chismoso de mi mejor amigo.
- ¡Kyaaa! – Exclaman ambos al unísono, alertando un poco a la servidumbre, que se han acercado para saber el motivo de esos gritos.
- ¿Pasa algo Yokoyama-sama? – Pregunta Mizuki-chan, otra de las sirvientas.
- No, no pasa nada, está todo bien- digo sonriendo apenado.
- Sí, está todo bien, gracias por preocuparte Mizuki-chan – dice Aiba.
- Me alegro, cualquier cosa que necesiten no duden en pedírmelo – dice ella con una sonrisa, retirándose del lugar.
- No pensé que la reconciliación fuera a ser tan rápida, me sorprende – dice Aiba algo sorprendido.
- No nos hemos reconciliado – digo un poco decepcionado, cuánto hubiese dado porque fuese así – sólo, sucedió.
- Pero eso es muy bueno papá – dice Keito alegre.
- Al parecer Maruyama-san sigue loquito por ti – dice Aiba riendo.
- Buenos días – dice Kei de repente, entrando a la sala del comedor junto con Daiki.
- Buenos días hijo, Dai-chan – sonrío a ambos, dada por terminada mi conversación con Keito y Aiba.
- Tú debes ser el hijo de Maruyama-san ¿cierto? – Pregunta Aiba acercándose a Daiki, mirándolo detenidamente.
- Sí, Señor – dice mirándolo confundido.
- Eres tan adorable como él – dice abrazándolo, dejándonos a todos los presentes sorprendidos por tal acción – Kei, tienes buen gusto – dice guiñándole un ojo a mi hijo mayor, haciendo que se sonroje.
- Se… Señor…
- Lo siento, no me he presentado correctamente – dice separándose de él – Yo soy Aiba Masaki, soy profesor de Biología en el mismo instituto donde trabaja tu papá y también soy el mejor amigo de Yoko-chan.
- Mucho gusto en conocerlo Aiba-san – dice ya un poco más tranquilo.
- No tienes que ser tan formal conmigo, si quieres puedes decirme Tío Aiba.
- Aiba, ya deja de asustarlo.
- Esto… Voy a ir con Daiki a desayunar afuera – dice Kei tomando la mano de su novio, haciendo una reverencia antes de salir de la mansión, casi corriendo.
- ¿Ves? Los asustaste – digo mirándolo con desaprobación.
- No pude evitarlo, es muy lindo – dice emocionado.
- Yo también tengo que irme – dice Keito levantándose de su asiento – nos vemos en la noche, que pasen buen día – dice abrazándome con fuerza y luego a Aiba-san, dejándonos solos.
- Así que se besaron – dice Aiba sin borrar esa sonrisa de su rostro.
- No quiero hablar de eso, bueno, no contigo.
- ¿Pero por qué?
- Porque sé cómo eres y me preocupa que comiences a molestar a Maru con eso.
- Ya te prometí que no le diré nada al respecto, haré como si no lo supiera.
- En verdad eso espero, no quiero incomodarlo y menos ahora que estoy completamente decidido a conquistarlo de nuevo – digo dándole un último sorbo a mi café.

*Maruyama Ryuhei*
- Duele… - Dije en un susurro, clavando un poco mis uñas sobre la espalda de mi novio, quién me veía preocupado y un poco adolorido por las heridas que le creaba.
- Si quieres… Podemos parar… - dijo jadeante, mostrando con su rostro que estaba disfrutando el estar dentro de mí, pero lo conocía tan bien, que sabía perfectamente que con tal de no hacerme daño detendría lo que fuera, hasta este acto que estábamos por fin dispuestos a culminar.
- No… No quiero que te detengas… Podré aguantar – dije acercando mi rostro para besarlo, para demostrarle que yo también lo deseaba más que nada, aunque doliera, pero sabía que este dolor no sería nada comparado con el placer que decían que venía después.
- Te amo… - Dijo entrando completamente en mi interior, besándome con pasión al mismo tiempo que llevaba una de sus manos hacia mi pene, masturbándolo al ritmo que comenzaba a embestirme.
Mis jadeos eran una mezcla de dolor y placer, que me hacían avergonzar un poco, si lo hubiésemos hecho en su habitación estaría menos preocupado, pero estábamos haciendo el amor en la sala de su apartamento, a unos cuantos metros de la puerta de entrada y me preocupaba sobre todo pensar en si alguien afuera nos escuchaba. Pero al escuchar los jadeos de Yoko, todas esas preocupaciones desaparecían instantáneamente, me excitaban a gran medida, me hacían desearlo, me hacían amarlo mucho más. Sentirlo en mi interior era realmente maravilloso y lo fue más al sentir el inminente clímax llegar a nuestros cuerpos.
Despierto lentamente, viendo que me encuentro acostado sobre mi cama, ya se ha hecho de día ¿tan pronto? Miro el reloj de mi mesita de noche, viendo que ya son las diez de la mañana, ni siquiera me he dado cuanta de en qué momento me he quedado dormido. Me muevo un poco notando algo húmedo en mi entrepierna.
- ¡¿EH?! – Me caigo de la cama totalmente sorprendido y asustado, recordando de golpe el sueño que acababa de tener ¿acaso es esto a lo que llaman “sueños húmedos”?
Me levanto rápidamente y con la misma velocidad me quito toda la ropa, viendo en mis prendas inferiores esas manchas que ahora se me hacían desagradables, sobre todo por ser causadas por el otro protagonista de mi sueño.
- ¡Kimitaka idiota! ¡Te odio!

*Hikaru*
- Keito ¿Cómo es tu mamá? – Le pregunto a mi novio quién me mira con algo de curiosidad. Nos encontramos en un prestigioso restaurante de Sushi, demasiado caro para mi bolsillo, pero mi novio insistió tanto en que él pagaría que no pude negarme.
- Ella es muy hermosa, también es muy amable y divertida, me gustaría mucho que la conocieras – responde sonriente - ¿Pero por qué me lo preguntas?
- Es que… Bueno yo… Sólo era curiosidad.
- Ahora que lo pienso, nunca me has hablado de tu mamá – dice llevándose otro bocado de sushi a su boca.
- Es que… No la conozco…
- ¿Eh? ¿Cómo es eso de que no la conoces?
- Siempre he vivido solo con mi padre y siempre se pone un poco tenso cuando le pregunto por ella, así que ya he desistido de que él me hable sobre mi mamá – suspiro – Lo único que sé sobre ella es su nombre y esta foto – digo sacando la foto de mi madre que siempre guardo en mi billetera - he tratado de buscarla por internet, pero no encuentro nada.
- ¿Y cómo se llama?
- Se llama Sawada Yura.
- ¿Quieres que te ayude a encontrarla?
- ¿En serio lo harías? – Pregunto emocionado.
- Claro, conozco a un muy buen detective que nos ayudará – dice sonriente.
- Gracias, no sé cómo pagarte.
- No tienes que hacerlo, con verte feliz estoy más que satisfecho – dice dándome un beso, para luego seguir comiendo. Sonrío ansioso, deseo tanto conocerla.
CONTINUARÁ...

26/3/17

Father's Love


Hola muy buenas tardes *o*
Hago esta entrada rapidita para, publicar por fin el capítulo 32 X'D lamento mucho la demora y espero que les guste ;) Muchas gracias por sus comentarios y amor a este fic <3 Y como siempre este fic va dedicado a mi querida amiga Mari <3
Y también feliz cumpleaños a Yuyan <3 que aunque no salga en este capítulo, igual lo publico en su honor (?)



Tema: Father's Love
Extensión: Serial
Parejas: Varias 
Autora: Akari-chan



Capítulo 32  
*Yokoyama You*                     

- He invitado a Maru-sensei y a Dai-chan a cenar con nosotros – dice de repente Keito, haciéndome escupir todo el café que estaba bebiendo.

- ¡Yokoyama-sama! – Exclama Ayumi-chan acercándose a mí para limpiar el desastre.

- ¿Cómo dices? – Pregunto sorprendido, sin todavía creer que lo que ha dicho mi hijo es verdad.

- Que éste fin de semana viene Dai-chan junto con su padre a cenar con nosotros – dice tranquilamente, sonriendo de oreja a oreja.

- ¿No te agrada papá? – Pregunta Kei mirándome extrañado.

- No, para nada, es solo que no me esperaba eso, no tan pronto – digo nervioso, mirando con algo de desaprobación a Keito.

- Piensa en lo bueno que será estrechar lazos con Maru-sensei – dice Keito con picardía, en verdad que se ve muy feliz, pero igual pienso que no es correcto forzar así las cosas.

- Lo entiendo pero…

- No te preocupes papá, saldrá todo muy bien, yo me encargaré de eso – dice sonriente.

- ¿En serio aceptó venir? – Pregunto sintiendo una creciente felicidad inundar mi ser - Sí, me sorprendió bastante que aceptara – dice Kei – creo que Keito tiene un gran poder de convencimiento sobre él – dice divertido.

- Eso es porque me quiere mucho – dice Keito orgulloso.

- Bueno, sea cómo sea que hayan sucedido las cosas, deseo que se comporten, sobre todo tú, Keito – digo mirándolo serio.

- Sí, papá. – Responden ambos al unísono.

- ¿Y cuándo es que vendrán? – Pregunto un poco más animado, el pensar que Maru-chan estará aquí en mi casa hace que mi corazón no deje de latir intensamente.

- Quedamos que el sábado en la noche, ¿te parece bien? – Pregunta Kei.

- Sí, está muy bien – digo sintiendo mi corazón latir aceleradamente.

- Me alegra – dice sonriente levantándose de su asiento – tengo que salir, he quedado de verme con Dai-chan.

- Está bien hijo, que te vaya muy bien y salúdalo de mi parte – digo levantándome para darle un fuerte abrazo como despedida.

- Nos vemos en la noche – dice finalmente, revolviendo los cabellos de su hermano para después irse.

- Ayumi-chan, retírate – digo serio.

- Sí señor. Cualquier otra cosa que necesite no dude en avisarme – dice haciendo una reverencia para después dejarme solo con mi hijo menor.

- ¿Por qué lo hiciste?

- ¿Hacer qué? – Pregunta llevándose otro bocado de pan a la boca.

- Invitar a Maru a ésta casa – digo un poco molesto, no es que no me alegre tener a Maru aquí, de hecho mi corazón no deja de latir por tal noticia, sino que siento que se están forzando mucho las cosas.

- Porque me parece una buena oportunidad para que se vuelvan a acercar.

- Pero no creo que sea buena idea.

- Papá, ¿cómo piensas conquistarlo de nuevo si ni siquiera te acercas a él?

- Lo sé, pero… - Suspiro – le hice mucho daño y es entendible que me odie y que no desee verme ni en pintura.

- Por eso con más razón tienes que volver a tenerlo cerca – dice sonriente.

- Eres igual que tu madre – digo desordenando su cabello – igual de entrometido – sonrío.

- Ya verás que todo saldrá bien.

- Eso espero, no quiero fastidiarlo más de lo que ya está conmigo – suspiro – tengo que irme a trabajar, te portas bien.

- Sí señor – dice abrazándome fuertemente, para luego salir de la mansión, pensando en qué hacer cuando lo tenga nuevamente tan cerca.


*Maruyama Ryuhei*

Me miro en el espejo por enésima vez, bufando molesto por haber aceptado tremenda barbaridad. ¿Qué mal le he hecho al mundo para qué me sucedan estas cosas? Es que no puedo creerlo, ¿por qué mi hijo tuvo que enamorarse de su hijo? De tantas personas en el mundo ¿por qué justamente el hijo de él? Y para colmo le había puesto uno de los nombres que me hubiese gustado ponerle a otro hijo.

Me acuesto sobre mi cama, más específicamente sobre la ropa que había tirado allí, en busca de un atuendo adecuado para ir a la tan dichosa cena con la persona que más detesto. Jamás en mi vida pensé en la posibilidad de que volvería a vestirme para encontrarme con él, aunque ésta vez lo haría con la compañía de tres personas más.

- ¿Qué debería usar? – Susurro mirando hacia el techo con mis recuerdos revoloteando por mi cabeza. ¿Por qué no deja de doler?

Había demorado más de dos horas en escoger la ropa, el peinado, inclusive el perfume que usaría para el encuentro con mi novio. Era la primera vez que me invitaba a su casa y por ende me sentía muy nervioso y más al saber que estaríamos solos dentro de ella. Me sentía como una doncella camino a la cueva del lobo, pero sabía de ante mano que él no tenía esas intenciones conmigo ¿o tal vez sí?

Sacudí mi cabeza un poco, tratando de disipar todos esos pensamientos que se asomaban por mi cabeza, apenas llevábamos un mes de novios y no creía que fuera un momento idóneo para hacerlo, al menos no para mí.

- Pensé que no ibas a llegar – dijo sonriente mirando su reloj y en verdad que llevaba veinte minutos de retraso.

- Lo siento, es que el bus se tardó demasiado – dije rápidamente, no podía decirle que me había demorado de más en alistarme.

- Te ves muy guapo – dijo acercándose un poco más a mí, besando dulcemente mis labios.

- No más que tú – dije avergonzado por sus palabras, yo jamás podría ser tan bello como él.

- Eres hermoso y punto – dijo volviéndome a besar, frente a todas esas miradas que nos rodeaban, algunas con indiferencia y otras con notable repudio.

- Yoko, aquí no… - Dije agachando un poco mi rostro totalmente sonrojado.

 - ¿Quieres que vayamos a comer algo o prefieres que vayamos de una vez a mi apartamento?- Volvió a sonreír tomando mi mano.

- ¿Apartamento? – Pregunté confundido, pensé que vivía en una mansión o algo parecido.

- Sí, aquí en Kyoto vivo en un apartamento, la mansión de mi familia está en Osaka y la otra está en Tokyo.

- Ya veo… Entonces… ¿Vives solo? – Pregunté un poco nervioso, no sabía por qué me comportaba de esa manera.

- Sí… ¿Por qué lo preguntas? – Dijo mirándome confundido.

- Es que pensé que tú vivías con tu padre y…

- ¿Te da miedo que estemos solos en mi apartamento? – Preguntó divertido.

- ¡No! ¡No es eso! – Exclamé avergonzado.

- Si no quieres ir, pues no pasa nada, no quiero que te sientas incómodo.

- En verdad no hay problema – dije tomándolo del brazo, ocultando mi rostro en su hombro – vamos a tu apartamento – susurré.

- Está bien, vamos – dijo dulcemente, tomando nuevamente mi mano.

- ¿Papá ya estás listo? – Pregunta Daiki entrando a mi habitación, haciéndome salir de mis pensamientos, cosa que agradezco.

- Sí, ya casi – digo levantándome de la cama - ¿acaso no te enseñé a tocar la puerta antes de entrar?

- Sí lo hiciste y toqué la puerta, pero como no respondías decidí entrar.

- Ah, entiendo…

- Kei ya viene en camino para llevarnos – dice con un notable sonrojo adornando sus mejillas – te ves muy guapo papá – dice sonriente.

- No es para tanto – digo mirando hacia otro lado.

- Yokoyama-san es una gran persona, me siento muy ansioso de que lo conozcas.

- Ya lo conozco de sobra – digo en voz baja.

- ¿Cómo? – Pregunta mirándome con confusión.

- Lo conocí el día de la reunión con los padres de mis alumnos – digo rápidamente.

- Cierto, se me olvidaba – sonríe y de un momento a otro escuchamos los fuertes golpes en la puerta de entrada a la casa – tiene que ser él – dice Daiki emocionado, saliendo de mi habitación rápidamente.

- Creo que mandaré a poner un timbre - digo acomodándome la corbata, para luego verme por última vez en el espejo antes de salir de mi habitación.


*Daiki*

Bajo rápidamente las escaleras, cuidando de no caerme de éstas debido a la velocidad en la que voy corriendo. Me acomodo un poco el traje y mi cabello antes de abrir la puerta, encontrándome con mi hermoso novio.

- Buenas noches, Dai-chan – dice sonriente.

- Buenas noches, Kei – digo completamente embobado, siendo rodeado por sus brazos.

- ¿Ya están listos? – Pregunta besando mi mejilla.

- Sí, mi papá no demora en bajar – digo acercando mis labios a los suyos para darle un dulce beso.

- Ya vámonos que creo que se nos está haciendo tarde – dice mi papá haciendo que nos separemos estrepitosamente.

- No se preocupe por eso Maruyama-san, vamos justo a tiempo – dice Kei.

- Vámonos antes de que me arrepienta – dice bajito, caminando hacia el auto.

- Creo que tu papá no se ve muy feliz de ir a mí casa – dice mi novio preocupado.

- Sólo está nervioso – digo para tratar de tranquilizarlo, acercándonos también al auto.

- Daiki, tú siéntate atrás – dice mi papá abriendo la puerta del copiloto, mientras que yo hago caso a su orden, es mejor no hacerlo enojar más.


*Yokoyama You*

- Papá, estás temblando – dice Keito mientras anuda mi corbata.

- ¿Cómo quieres que esté?

- Pues imponiendo seguridad, confianza en ti mismo – ríe – de lo contrario dudo mucho que así vuelvas a conquistar a Maru-chan.

- Por favor no digas eso – digo un poco defraudado de mí mismo.

- Tranquilízate, todo va a salir bien, no creo que Maru-chan vaya a hacer algún escándalo estando Daiki, mi hermano y yo con ustedes.

- Está bien, trataré de calmarme – digo suspirando profundo.

- Yo tengo que terminar de arreglarme, nos vemos en la sala en un rato – dice saliendo de mi habitación.

Podía presenciar el notable nerviosismo de mi novio al estar sentados ambos en el sofá de la sala de mi apartamento. No sabía por qué se comportaba de esa manera, pero aun así pensaba que era adorable, me daban muchas ganas de comérmelo a besos.

- Tú apartamento es muy bonito – dijo tomando un sorbo del té que le había servido.

- Gracias, yo mismo lo escogí, al igual que los muebles.

- Es muy grande también – dijo mirando hacia todos lados, evitando cruzar su mirada con la mía.

- ¿Por qué estás tan nervioso? – Pregunté curioso, disfrutando de ver cada expresión de su rostro.

- Ya te dije que no lo estoy – dijo totalmente ruborizado.

- ¿Acaso tienes miedo de que te haga algo indecente? – Pregunté para fastidiarlo un poco más, pero al notar su silencio y su cada vez más creciente sonrojo, pude darme cuenta que había dado en el clavo - ¿En verdad lo piensas?

- Sí… - dijo todavía avergonzado - ¿para qué más me traerías a tu apartamento?

- Pues para pasar el rato contigo, conversar, ver televisión – dije tomando suavemente una de sus manos – poder mimarte sin que nadie más nos vea.

- Yo siempre pienso cosas extrañas – dijo con una sonrisa nerviosa.

- Maru-chan, nada me haría más feliz que hacer el amor contigo – dije besando la mano que estaba sujetando – Pero no quiero que te sientas obligado a hacerlo, quiero que cuando lo hagamos sea porque tú también lo quieres.

- ¿Y si lo quiero hacer ahora?- Preguntó con duda, mirándome por fin a los ojos.

- ¿Qué? – Pregunté todavía un poco anonadado por su respuesta, no me esperaba algo así.

- Que quiero hacerlo…

- ¿Estás seguro?

- ¡No me hagas repetirlo! – Exclamó con su cara totalmente roja, tanto que parecía un tomate.

Sonreí enternecido, tomando entre mis manos su rostro para comenzar a besarlo con dulzura, siendo correspondido con algo de timidez. Lo recosté suavemente sobre el sofá, acariciando con delicadeza sus costados, acomodándome entre sus piernas.

- ¿Quieres que vallamos a mi cuarto?

- No, aquí está bien – dijo sonriente, volviendo a sellar nuestros labios en un beso.

En verdad que no esperaba que ese día tuviera ese placentero desenlace, pero si mi amado quería hacerlo no podía negárselo.

- Ya llegaron – dice Keito entusiasmado al ver entrar a su hermano junto con Daiki y Maru-chan en la sala.

- Maru-chan… - Susurro quedándome hechizado por lo bello que está mi amado, sintiendo su fría mirada sobre mí, pero aun así, aunque tenga esa expresión de total fastidio, no le quita lo hermoso que se ve ahora, aunque para mí lo ha sido siempre.


*Maruyama Ryuhei*

- Me alegra mucho que vinieran – dice Keito acercándose a nosotros, abrazando primero a Daiki y luego finalmente a mí, es un chico muy tierno.

- El gusto es nuestro – dice Daiki felizmente, claramente lo dirá por él, porque yo no me siento para nada gustoso de estar acá y menos con ese hombre tan cerca.

- Gusto en verte, Maruyama-san – dice aquella persona haciendo una reverencia, a la que yo correspondí no más para no levantar sospechas, porque si por mí fuera no le daría ni el saludo.

- Ya que estamos todos aquí, vayamos a cenar – dice Keito tomándome de la mano, encaminándonos hacía el comedor.

Daiki y yo nos sentamos en donde nos indicó Keito, quedando por desgracia al lado de aquel hombre. Tengo que ser fuerte, no quiero mostrarme ante él como un miserable que a pesar de tantos años, nunca ha podido olvidarlo. No dejo de mirarlo de reojo y me odio realmente por no dejar de hacerlo, sigue estando tan guapo como cuando lo conocí y hasta podría asegurar que lo está mucho más. Los años le han hecho muy bien.


*Keito*

Miro atentamente tan hermosa escena, anhelando cada vez más que dentro de poco sea un momento habitual en nuestro diario vivir. Daiki y mi hermano hablan sin parar, prestándole poca atención a lo que hay a su alrededor, mientras que papá no deja de mirar con cariño a Maru-chan y aunque éste tenga el ceño fruncido, tampoco ha podido apartar la vista de mi papá y eso en verdad que me hace muy feliz.

- Kei – digo interrumpiendo la agradable conversación de mi hermano con su novio, recibiendo de inmediato la atención de él - ¿te parece bien si después de cenar vamos junto con Dai-chan a jugar video juegos en mi habitación? – Pregunto esperando una respuesta afirmativa, tengo que hacer algo para que papá y Maru-chan se queden solos un rato.

- ¿Te parece bien Dai-chan? – Le pregunta mi hermano a su novio.

- Claro, sería divertido – dice felizmente, comiendo ahora un poco más rápido al igual que mi hermano, al parecer el ambiente tenso entre nuestros padres les desespera un poco.


*Maruyama Ryuhei*

Siento que todo se derrumba cuando Keito le dice aquello a su hermano y a mi hijo, haciéndome sentir un escalofrío de tan solo pensar en que me quedaría a solas con ese señor. Y antes de que pudiera darme cuenta, ya los tres se estaban levantando de sus asientos.

- Creo que es momento de dejarlos a solas, para que puedan conversar más tranquilamente – dice Keito sonriente, sin darse cuenta de que me está dejando con el mismísimo demonio.


*Yokoyama You*

- Que se diviertan – digo nerviosamente, aunque agradeciendo por un lado el amable gesto de Keito de dejarnos solos, aunque no siento que sea una buena idea.

- Eso haremos – dice felizmente tomando de la mano a ambos chicos, que subían muy animados junto con él las escaleras, creándose un silencio sepulcral en el comedor.

- No creas que vine aquí para verte la cara de idiota – dice Maru molesto, fulminándome casi con la mirada.

- Lo sé, no tienes por qué decírmelo – digo encogiéndome de los hombros, no sé qué hacer.


*Maruyama Ryuhei

Detesto estar en esta situación, maldigo el momento en el que acepté venir, odio que aquellos recuerdos pasen por mi cabeza una y otra vez desde esta tarde, no quiero pensar en aquel momento tan vergonzoso en el que él y yo…

- ¿Estás bien? – Pregunta el otro mirándome preocupado.

- Sí, estoy muy bien ¿acaso no me ves?

- Sí, te veo y estás demasiado rojo ¿tienes fiebre? – Pregunta posando su mano en mi frente ¿en qué momento se había acercado tanto?

- Estoy bien – digo un poco molesto, apartando su mano de mí.

- Sé que no te agrada verme, pero deberíamos…

- Yo no quiero ser nada tuyo – digo todavía más molesto.

- Pues ahora somos Consuegros – dice agachando la mirada.

- Por desgracia – digo volviendo a crearse un silencio incómodo entre ambos.


*Yokoyama You*

- ¿Te pone nervioso estar aquí? – Pregunto mirándolo con curiosidad. Por más que quiera no puedo dejar de admirarlo, de volver a ver todas esas expresiones que me enamoran cada vez más de él.

- ¿Por qué debería estar nervioso? – Pregunta desviando la mirada sonrojado.

- Yo lo estoy – Respondo con una sonrisa tímida. No quiero incomodarlo, pero al estar ambos solos, no puedo evitar decir esas cosas, el querer estar cerca de él aunque sean solo unos centímetros más.

Así que sin pensarlo mucho y sólo haciendo caso a lo que mis impulsos me piden, tomo a Maru del brazo y lo llevo hasta mi oficina, haciendo caso omiso a sus peticiones de que lo soltara. Cerrando la puerta al estar ambos ya dentro, aprisionándolo entre ésta y mi cuerpo

- Maru yo… - Susurro muy cerca de sus labios.

- Por favor… Suéltame – Susurra también, comenzando a temblar.

- No he dejado de pensar en aquel día – vuelvo a susurrar ahora cerca de su oído – en el que hicimos por primera vez el amor – digo besando su mejilla, acariciando sus costados con las yemas de mis dedos, sintiendo sus manos temblorosas sobre mi pecho queriendo alejarme.


*Maruyama Ryuhei*

- Cá… Cállate… - Digo un poco asustado, queriendo huir de ahí, pero mis piernas no responden y al parecer mi cuerpo tampoco está dispuesto en cooperar. Odio que él tenga tal efecto en mí, en que mi cuerpo se vuelva como gelatina de tan solo ser tocado por sus manos, sus labios...

Sus carnosos labios que en estos momentos tengo a escasos centímetros de los míos, pidiéndome ser besados, pero no puedo caer tan bajo, por más que lo desee en estos momentos no puedo, no debo. Pero mi yo tan débil y enamorado insiste en probarlos, en sentir la perfección de estos nuevamente e insistió tanto que no demoró ni un solo segundo más en entregarse a ese ferviente beso que comenzó al unirse ambos por fin después de tantos años distanciados, hambrientos el uno del otro. Degustando de aquellas sensaciones que por más que hubiese negado, las había extrañado. Sabía muy bien que esto pasaría, que al volver a sentir sus besos no sería capaz de controlarme. Me siento como un completo idiota al hacerlo, totalmente avergonzado de mí mismo por posar mis manos sobre su espalda, disfrutando de su cercanía, sintiendo sus brazos rodear mi cintura.

- Te amo… - Dice al separarse de mí, dejándome en completo shock. Sin saber qué decir o como sentirme.

- Papá, ¿están ahí? – escuchamos la voz de Keito desde afuera de la oficina.

- Sí… aquí estamos – Responde él entrecortadamente, separándose de mí, sin dejar de mirarme. Abriendo luego la puerta.

- ¿Cómo la están pasando? ¿Interrumpí algo? – Pregunta alegremente, mirándonos con curiosidad, viendo detrás de él a su hermano y mi hijo tomados de la mano, agradeciendo en mis adentros que me está salvando de algo horrible.

- No, nada… - Digo nerviosamente, saliendo de ahí.

- ¿Necesitan algo? – Pregunta él saliendo también.

- Es que Daiki quiere quedarse con nosotros ésta noche, así que venimos a pedirle permiso a Maru-chan.

- ¿Puedo quedarme papá? – Pregunta Daiki mirándome con ilusión.

- Sí, supongo – digo todavía aturdido por lo que había pasado hacía unos minutos.

- También puedes quedarte si quieres – dice Keito abrazándome, mirándome con esos ojos de cachorrito pero esta vez no puedo aceptar.

- Gracias pero volveré a casa ahora – digo acariciando su cabeza, viendo su rostro de total decepción – Cuando quieras puedes venir a mi casa y quedarte el tiempo que tú quieras ¿te parece bien?

- Eso me encantaría – dice nuevamente entusiasmado.

- Que pases buena noche hijo – digo abrazando a Daiki.

- Buena noche papá – dice sonriente, volviendo a los brazos de su novio.

Hago una última reverencia, evitando hacer contacto visual con esa persona, despidiéndome así de ellos, tomando el primer taxi que pasa por el lugar, tratando de tranquilizarme y de reflexionar en lo que ha pasado ¿Cómo pude caer tan bajo? Kimitaka idiota.

CONTINUARÁ...

24/2/17

Father's Love

Hola muy buenas tardes <3
Aquí nuevamente con mi publicación mensual X'D
En verdad lo siento mucho por la demora, pero a pesar de que sé que va a venir en cada capítulo, por alguna razón no me llega la inspiración para plasmarlo como quiero, pero bueno aquí está y ya no las hago esperar más y como siempre éste fic es dedicado a mi querida amiga Mari, que la quiero mucho.
Que lo disfruten :3 <3


Tema: Father's Love
Extensión: Serial
Parejas: Varias 
Autora: Akari-chan


Capítulo 31

*Yasuda Shota*

- ¿Listos para ir a la playa? – Pregunta mi esposo animadamente al levantarse de su asiento, después de terminar todos de almorzar. Habíamos pasado la mañana paseando por los alrededores de la ciudad, comprando algunos recuerdos.

- ¡Si! – Respondemos todos con emoción a excepción de Ryutaro, quién tiene una expresión de fastidio.

- ¿Te sientes bien hijo? – Pregunto acercándome a él, apoyando mi mano sobre su espalda.

- Estoy bien papá, no te preocupes – sonríe levemente – vamos a la playa – dice comenzando a caminar rápidamente hacia la salida del hotel.

- Papá Yasu ¿quieres que la lleve? – Pregunta Yuya señalando la enorme bolsa que está en el suelo.

- Claro hijo, muchas gracias – sonrío viendo cómo éste se va junto con Yuri.

- Yo llevaré las sombrillas – dice Kota tomando las dos grandes sombrillas que habíamos llevado.

- Busquen un buen lugar – dice mi esposo.

- Eso haremos – dice sonriente, alcanzando rápidamente a sus hermanos.

- Al parecer Ryutaro no está muy contento – dice Yoshi preocupado.

- Me preocupa que no se lleve bien con ustedes, lo siento mucho – digo inclinando un poco mi cabeza en modo de disculpa.

- No te preocupes mi amor – dice besando mi frente – sólo debemos darle un poco más de tiempo, ya pronto mejorará.

- Pero no dejo de sentirme apenado contigo y tus hijos.

- Ya te he dicho que no te preocupes – dice besando mis labios – vamos – dice sonriente, tomando delicadamente mi mano, empezando a caminar juntos, hasta llegar por fin a la playa.

- Allá están – digo al ver a Kota clavar las sombrillas en la arena y a Yuya junto a Yuri, acomodando las toallas y demás cosas que habían dentro de la bolsa y a Ryutaro sentado en la arena a un par de metros de ellos - Ryutaro ¿no piensas meterte al mar? – Pregunto un tanto preocupado, posando mi mano en su hombro izquierdo.

- Más tarde iré, quiero descansar un poco.

- ¿Estás enfermo? – Pregunto tocando su frente.

- Estoy bien papá – sonríe.

- Está bien hijo, pero trata de divertirte, no me gusta verte con esa cara larga.

- Lo haré, a mi manera.

- Te quiero mucho hijo – digo revolviendo un poco sus cabellos.

- Yo también te quiero papá.

- Cualquier cosa que necesites no dudes en decírmelo.

- Si señor – responde con una sonrisa, así que suspirando resignado, vuelvo al lado de mi esposo, espero que algún día mi hijo menor pueda llevarse bien con todos.


*Yuya*

- Yuyan – dice melosamente Yuri, abrazándose a mí, besando apasionadamente mis labios. Nos encontramos acostados bajo la sombra de las sombrillas, aprovechando aquel tiempo a solas para darnos algunos mimos.

- Te amo Yuri – digo acariciando suavemente su mejilla, notando un hermoso sonrojo adornar su rostro.

- Yo te amo más – sonríe - ¿puedo pedirte un favor?

- Claro, lo que quieras.

- Es que… - Dice sentándose y quitándose rápidamente su camiseta, dejándome ver su bien formado torso – no me gusta quemarme con el sol, así que me preguntaba…

- ¿Quieres que te unte el bloqueador por el cuerpo? – Pregunto viendo a mi novio asintiendo alegremente – ¿sabes lo excitante que suena eso? – Digo sentándome también.

- No te vayas a excitar tanto – susurra acercando sus labios a los míos, dándome un dulce beso – tenemos que guardar todo eso para esta noche – dice pícaramente.

- Pero de tan solo pensar en recorrer tu cuerpo con mis manos me enloquece.

- Yuyan… - vuelve a susurrar, acercándonos para besarnos nuevamente, pero de repente sentimos algo sobre nosotros.

- ¿¡Eh!? ¿Pero qué es esto? – Exclamo sorprendido, viendo a Ryutaro con un balde vacío entre sus manos.

- ¡Si iban a venir a hacer sus cochinadas en la playa, mejor se hubiesen quedado en el hotel! – Exclama éste molesto, tirando el balde al suelo, para luego volver al sitio que ocupaba antes.

- ¿Pero qué le pasa? Me va a escuchar – dice Yuri enfadado. Pero antes de que mueva un pie, lo sostengo fuertemente de la cintura, sentándolo sobre mis piernas.

- Mi amor, no vale la pena que se peleen.

- Pero nos ha llenado de arena – dice haciendo puchero.

- No te preocupes, vamos a lavarnos y luego te ayudo con el bloqueador – digo sacudiendo la arena de su cabello.

- ¿Qué les pasó? – Pregunta mi hermano acercándose a nosotros - ¿fueron atacados por una tormenta de arena?

- Una tormenta llamada Ryutaro – dice Yuri todavía molesto.

- Vayan a lavarse, no sea que vuelvan nuestros padres y se preocupen.

- Gracias hermano – digo levantándome junto con mi adorado novio.

- No es nada, yo me quedaré con la tormenta – dice sonriente.

- Espero que no te llene de arena a ti también.

- Tomaré el riesgo, vayan y diviértanse.

- Gracias – digo finalmente, tomando la mano de Yuri, quién todavía tiene el ceño fruncido.


*Okura Tadayoshi*

- Yoshi… ¿por qué no querías que me quitara la camiseta? – Pregunta mi esposo extrañado.

- Es que no quiero que vean tu cuerpo – digo abrazándolo posesivamente ya dentro del agua.

- ¿Pero qué tontería es esa? – Ríe divertido - ¿Quién va a querer mirarme?

- ¿Es que acaso no te ves en el espejo? Cualquiera que te mirase estaría besando el suelo por donde caminas.

- ¿No crees que estás exagerando?

- No estoy exagerando, estoy tomando medidas drásticas contra los buitres.

- ¿Desconfías de mí?

- Claro que no, es solo que siento envidia de todo aquel que te mire – digo sonrojado.

- Pero el único que puede verme desnudo eres tú – dice rodeando mi cuello con sus brazos – y también tocarme – dice para luego besarme con anhelo, beso al que correspondo inmediatamente y poso mis manos en su cintura y lo apego un poco más a mi cuerpo, sintiendo luego sus brazos bajar lentamente, pasando sus manos por mi espalda hasta llegar a mi trasero, el cual apretó por debajo del bañador.

- Ya… Yasu… - Jadeo un poco por tal acción, a lo que él sonríe con algo de malicia.

- Recuerda que me debes un castigo por lo de anoche – dice todavía sonriente.

- ¿No había quedado eso saldado con lo de ésta mañana? – Pregunto temeroso, sintiendo un escalofrío al ver su sonrisa ensancharse aún más.

- Eso fue sólo el principio – dice apretando todavía más mis nalgas, haciéndome gemir – quiero estar nuevamente dentro de ti – susurra cerca de mis labios, acariciando con uno de sus dedos el orificio de mi entrada.

- ¡Está bien! ¡Está bien! – Digo separándome un poco de él totalmente avergonzado – castígame esta noche y las siguientes si quieres – digo ocultando mi rostro sonrojado con mis manos.

- Eres tan lindo – dice mi esposo alegremente mientras me abraza con ternura – te prometo que ésta vez seré más cuidadoso – dice sin borrar aquella sonrisa de satisfacción de su rostro. Siento que mi orgullo de hombre será nuevamente ultrajado.


*Yuri*

- Ryutaro me las va a pagar – digo con demasiada molestia, ¿cómo se atreve a dañar tan hermoso momento?

- Ya cálmate mi amor – dice mi novio abrazándome por la espalda y besando mi mejilla luego de salir ambos del agua al ya no tener ni un rastro de arena sobre nuestros cuerpos.

- ¡Es que me molesta!

- Ya sabes cómo es él ante las demostraciones de cariño – dice secándome con la toalla que habíamos llevado.

- Lo que le falta es un novio y en serio.

- ¿Sabes de alguien que le guste?

- Él nunca me ha hablado de eso, de hecho, no habla de muchas cosas, bueno, al menos no conmigo.

- Es un chico muy raro – dice tomando el frasquito del bloqueador solar, comenzando a untarlo sobre mi pecho.

- Cuando era pequeño, Ryu-chan siempre había sido muy dulce, pero todo cambió…

- Tras la muerte de tu madre, ¿cierto? – Asiento – supongo que todavía era un niño cuando ella murió.

- Sí, él tenía 11 años y yo 13, fue un momento muy duro para ambos, pero sobre todo para él, era muy apegado a ella.

- En nuestro caso el más apegado era Kota, pero ni juntando el dolor de ambos podíamos competir contra el dolor de nuestro padre.

- ¿Venían mucho con ella aquí?

- Todos los años, sin falta – sonríe – pero ésta es la primera vez que venimos después de su muerte, es difícil estar aquí y no extrañarla.

- Ya veo… - Susurro apenado de abrir viejas heridas.

- Pero me siento muy feliz de estar aquí con todos ustedes, sobre todo contigo – sonríe dándome un casto beso en los labios, untando también bloqueador en mi rostro.

- Creo que nuestras madres desde el cielo estarán felices de que nuestros padres sonrían de nuevo – sonrío – desde que supe de su relación, siempre me ha dado ese sentimiento.

- Yo pienso igual – dice besándome de nuevo - ¿quieres ir a nadar un poco?

- Si quiero – digo sonriente, levantándonos ambos  de la cálida arena, quiero crear hermosos recuerdos con la gente que amo, incluyendo al aguafiestas de mi hermanito.


*Ryutaro*

- ¿Te quedarás aquí todo el día? – Pregunta el idiota sentándose a mi lado.

- ¿Te interesa saberlo? – Pregunto mirándolo con claro enojo.

- Es sólo por curiosidad, como no te veo muy animado, aunque ahora que lo pienso, nunca lo estás.

- ¿No tienes algo mejor que hacer además de fastidiarme?

- No – sonríe – además molestarte se me hace muy divertido.

- Pues no le encuentro la gracia.

- ¿Quieres ir a nadar un poco? – Pregunta sonriente.

- ¿Por qué mejor no vas con esas chicas que no han dejado de mirarte desde que llegamos? Se ve que están muy ansiosas de conocerte – digo fastidiado, viendo a esas chicas que no dejan de cuchichear entre ellas.

- Te estoy invitando a ti – dice sin borrar esa estúpida sonrisa de su rostro ¿en serio piensa que voy a aceptar?

- No quiero – respondo cortante.

- Bien – dice levantándose rápidamente, por fin me va a dejar en paz, así que suspiro aliviado.

- ¡Oye! ¿Pero qué haces? – Exclamo totalmente molesto, al ser alzado por él, cargándome con sus brazos.

- Vamos a nadar.

- ¡Ya te he dicho que no quiero! ¿Acaso eres sordo?

- No, no lo soy – dice sin detener su caminar. Forcejeo lo más que puedo para librarme de su agarre pero me es imposible. ¿Cómo alguien tan delgaducho puede llegar a tener tanta fuerza? Me molesta, me molesta.

Me estremezco al sentir el agua fría mojar mis pies al ser por fin soltado de su agarre, siendo tomado luego de la mano por él, sumergiéndonos mucho más en el agua, hasta que el agua llegara a nuestra cintura.

- Pensé que te ibas a deshacer al tocar el agua, pero veo que me equivoqué – dice divertido cosa que me hace enojar mucho más y sobre todo por haberme dejado llevar por él.

- ¿Por qué haces esto? – Pregunto molesto.

- ¿Por qué estabas llorando anoche? – Dice serio.

- Eso no es de tu incumbencia – digo tratando de salir de ahí, pero éste me toma fuertemente del brazo.

- A mí me importa porque es molesto tratar de dormir con alguien que llora a mi lado.

- Pues por mi puedes dormir en otro lugar, para que así no te fastidien mis lloriqueos.

- ¿Por qué lo hacías? – Pregunta nuevamente sin despegar su vista de mí.

- ¿Si te lo digo me soltarás?

- Si eso quieres.

- Yo… - Suspiro profundamente – desde que murió mamá he llorado todas las noches – digo sintiendo su mano soltar suavemente mi brazo – sé que ha pasado mucho tiempo, casi cinco años, pero todavía no me hago a la idea de que ya no esté con nosotros – digo finalmente, tratando de no llorar, aprovechando que ya me había soltado para salir rápidamente de ahí, necesito estar solo.


*Kota*

Lo veo alejarse rápidamente de mi lado, sintiendo la enorme necesidad de ir tras él, pero será mejor no hacerlo, quizás eso haga que se moleste más y lo que menos quiero es que se arme una pelea, aunque será complicado no acercarme a él, sabiendo que dormimos en la misma habitación.

Suspiro profundo, comenzando a sumergirme más en el agua, nadando un poco para despejar mi cabeza. No soy alguien que se dedique a entrometerse en la vida de los demás, pero con él no puedo evitarlo, quiero estar cerca de él, saber qué cosas pasan por su cabeza a cada momento.

- Kota… Kota… - Abro lentamente mis ojos al escuchar la voz de mi hermano. Debido a que no había podido dormir bien la noche anterior, después de haber nadado, me he quedado dormido en el lugar que hemos apartado para dejar nuestras cosas.

- Que… ¿Qué pasa? ¿Ya nos vamos? – Pregunto al notar que ya han quitado las sombrillas y también que está comenzando a atardecer, ¿Tanto tiempo he dormido?

- Sí, ya nos vamos – sonríe - ¿No dormiste bien anoche?

- No mucho – digo tallando mis ojos, viendo a papá Yasu acercándose rápidamente a nosotros.

- Niños ¿han visto a Ryutaro? – Pregunta preocupado, esperando alguna respuesta positiva de ambos, pero la verdad es que no tenemos ni idea.

- No, no lo he visto desde hace unas horas – responde mi hermano.

- Yo tampoco, ¿no estará en el hotel? – Pregunto viendo a lo lejos a mi papá y a Yuri correr hacia nosotros.

- ¿Lo encontraron? – Pregunta papá Yasu con algo de ilusión, pero los rostros de ambos no son para nada alentadores.

- Ryutaro no está en el hotel – responde mi papá con la respiración agitada.

- Y su celular está apagado – dice Yuri también angustiado.

- ¿Y si le pasó algo? – Dice Yuya.

- Por favor, tratemos de no pensar en eso – dice mi papá, tratando de calmar la situación.

- Será mejor que nos separemos – digo de inmediato – así será más rápido encontrarlo.

- Me parece bien hijo – sonríe – tú ve con Yasu, en esas condiciones es mejor que no vaya solo.

- Sí señor – respondo.

- Yuya, tú ve con Yuri.

- Sí papá – responde tomando la mano de su novio.

- Si alguno de nosotros lo encuentra primero, no olviden llamar a los demás, para que así paremos la búsqueda, ¿entendido? – Todos asentimos – Muy bien, vamos a buscarlo – dice mi papá comenzando a caminar hacía la playa ¿dónde se habrá metido ese niño?


*Okura Tadayoshi*

Ya ha oscurecido y no hay rastro alguno de Ryutaro, camino solo por la playa, ayudado por la luz de la linterna que llevo en una de mis manos. Jamás me había imaginado en una situación así, ni siquiera mis hijos que fueron tan traviesos me habían hecho pegar un susto de esos, pero lo importante ahora es encontrarlo y que esté sano y salvo.

Estar aquí me trae tantos bellos recuerdos, sobre todo en esta parte en donde las piedras comienzan a sobresalir de la arena, haciéndose cada vez más grandes, así que comienzo a caminar con cuidado de no tropezarme, aquí fue donde vi por primera vez a mi esposa y madre de mis bellos hijos. Suspiro nostálgico, escuchando el sonido de las olas chocando con las rocas. De pronto a lo lejos diviso una sombra, mirando en dirección al mar, así que rápidamente me acerco a ésta, respirando aliviado de que es la persona que tanto estamos buscando.

- ¿Ryutaro? – Pregunto tratando de cerciorarme de que si se trata de él y no de una ilusión.

- ¿Okura-san? – Pregunta mirándome sorprendido.

- Gracias al cielo ¿Ryutaro estás bien? ¿Estás lastimado? – Pregunto acercándome más a él.

- Estoy bien, no te preocupes.

- ¿Sabes lo preocupados que hemos estado todos? ¿Por qué desapareces de esa manera?

- Lo siento… No era mi intención – dice volviendo su mirada en dirección al mar, creándose un silencio incómodo entre ambos.

- ¿Puedo sentarme a tu lado? – Pregunto, recibiendo un asentimiento de su parte - ¿No te gusta estar acá?

- Me gusta – dice bajito, pero lo suficientemente alto para poder escucharlo.

- Pero te ves triste y distante con nosotros. Entiendo que a lo mejor nos odias, pero al menos trata de hacerlo por tu padre.

- Yo no he dicho que los odio – sonríe levemente – Es sólo que todavía no me acostumbro a ustedes, lo siento pero… No puedes ocupar el lugar que tiene mi mamá en mi corazón.

- ¿Así que es eso? – Sonrío – yo no quiero ocupar el lugar de tu mamá, ese lugar es sólo de ella y eso jamás cambiará.

- Pero tengo miedo de que mi papá y mi hermano con el tiempo se olviden de ella – dice entristecido.

- Ryutaro – suspiro - Yasu nunca la olvidará, siempre la tiene muy presente en nuestras conversaciones, igual que yo con la mía – sonrío - las extrañamos tanto como tú, más de lo que piensas, pero la vida sigue su curso, no podemos dejar que la muerte de un ser amado nos estanque. Eso lo entendí cuando conocí a tu papá.

- Lo amas mucho ¿verdad?

- Estoy locamente enamorado de él – sonrío apenado de estarle diciendo esto a mi hijastro.

- Me alegra mucho que mi papá te haya conocido – dice sonriente – creo que él también entendió que la vida seguía cuando te conoció.

- Y tu vida también sigue Ryutaro – sonrío, revolviendo sus cabellos, pero aparto mi mano al pensar que no es correcto hacerlo si él no me tiene confianza.

- Gracias, papá Yoshi – dice sonriendo tiernamente al mismo tiempo que me abraza.

- No tienes que agradecerme nada Ryu-chan – respondo correspondiendo a su abrazo – vámonos ya, que tu papá debe estar de los nervios al saber que no apareces – digo separándolo de mi lado, levantándonos rápidamente.

- Lamento causarles tantas molestias – dice haciendo una reverencia.

- No te preocupes, es bueno estar solo en ocasiones, pero no vuelvas a desaparecerte así, que nos hemos pegado un gran susto – digo sacando mi teléfono, marcando al número de mi esposo.

- ¿Lo encontraste? – Pregunta Yasu de inmediato apenas al descolgar.

- Sí, está aquí conmigo, lo encontré aquí cerca a las rocas.

- ¿Se encuentra bien? ¿Está herido? ¿Tiene hambre? – Pregunta todavía muy preocupado.

- Está bien, no te preocupes, llama a Yuya y dile que ya lo he encontrado y encontrémonos todos en el hotel, tanta búsqueda me ha dado hambre.

- Allá los esperamos – dice con una voz más tranquila, despidiéndose con un beso antes de colgar.


*Ryutaro*

- Ryutaro, ¿dónde te habías metido? Nos tenías muy preocupados – dice mi hermano abrazándome fuertemente, seguido de mi papá.

- Ryutaro, hijo ¿por qué te fuiste así sin decir nada?

- Lo siento por causarles tantos problemas.

- ¿Seguro que estás bien? ¿No estás lastimado o algo? – Pregunta mi papá mirándome por todos lados.

- Estoy bien.

- ¿Seguro?

- Sí, de hecho, creo que me siento mucho mejor – sonrío, siendo abrazado nuevamente por ellos.

- Ya que por fin estamos reunidos, vamos a cenar – dice papá Yoshi encaminándose hasta el restaurante del hotel, seguido por sus hijos quienes también sonríen alegres por mi regreso.

- No nos vuelvas a asustar así ¿Entendido? – Dice mi hermano de manera amenazante.

- No lo haré, lo prometo.

Nos acomodamos en uno de los comedores, llegando tiempo después nuestra cena, manteniendo durante ésta una alegre conversación, en la que yo también participé, sorprendiendo a todos.
Al terminar, nos dirigimos hasta nuestros respectivos cuartos, despidiéndome de mi papá y mi hermano con un abrazo y también abracé a papá Yoshi, mientras que el bobo del novio de mi hermano me revolvió los cabellos.

- Me alegra mucho que hayas vuelto – dice el idiota al entrar ambos a nuestra habitación.

- Pues lo único horrible de volver es que tenga que dormir contigo – digo entrando al cuarto de baño, tomándome una ducha rápida antes de ponerme mi pijama y salir de éste, siendo ocupado después por el idiota.

Acomodo rápidamente las almohadas en medio de la cama, acostándome luego en el lado en el que había dormido en la noche anterior, disfrutando de lo suave y acogedora que es. Pero toda mi tranquilidad se esfumó al ver que las almohadas caían una a una al suelo, sintiendo luego un par de brazos rodear mi cintura.

- ¡Oye! – Exclamo molesto y sorprendido por tal acción - ¿pero qué haces idiota pervertido?

- Pues te abrazo – dice con obviedad - quiero cerciorarme de que no llorarás esta noche.

- ¿Y qué tiene que ver eso con que me estés abrazando ahora?

- Mejor calla y duérmete – dice finalmente, aferrándose más a mí, sin chance de poder apartarlo.


*Yuya*

- Me alegra mucho que tu hermano apareciera – digo al entrar al cuarto con mi novio, abrazándolo dulcemente.

- A mí también me alegra mucho – dice correspondiendo a mi abrazo - estaba realmente preocupado.

- Lo sé – digo acariciando su rostro – sé que habíamos acordado en que hoy lo haríamos, pero creo que es mejor dejarlo para después, ha sido un día agotador – sonrío dándole un beso en la frente.

- Pero yo quiero hacerlo Yuyan – dice haciendo puchero, posando sus manos sobre mi pecho, acariciándolo por encima de mi camisa – quiero ser tuyo – dice con sus mejillas tomando un color rojizo, haciéndolo ver más adorable.

No lo resisto más y comienzo a besarlo con deseo, llevándolo hasta la cama, en donde lo acuesto suavemente, acariciando su cuerpo por encima de la ropa, deleitándome de los gemidos que comienzan a salir libres por su boca, excitándome cada vez más con ellos y más al sentir su miembro reaccionar a mis caricias, ansioso de atención.

- Yuyan… - Jadea al sentir mi mano sobre éste, al haberle quitado por completo sus pantalones junto con su ropa interior, dejándome vía libre para tomarlo con mi mano y masajearlo de arriba abajo, sacando más jadeos de su boca.

- Te amo Yuri – susurro cerca de su oído, apoderándome nuevamente de sus labios, pellizcando una de sus tetillas por debajo de su camiseta con mi mano libre, hasta sentir poco después mi mano ser empapada pos su semen, acompañado de un gran jadeo, haciéndome sonreír complacido.

- Yuyan… No es justo… Yo también quiero… - dice quitándose de debajo de mí.

- ¿Qué quieres? – Pregunto viendo cómo éste se sienta sobre la cama, quitándose la estorbosa camiseta.

- Yo también quiero que disfrutes – dice mirándome con súplica y deseo, gateando hasta mí, comenzando a desabotonar mi camisa, hasta quitármela por completo, junto con el resto de mi ropa.

- Pero si he disfrutado mucho tocarte hasta hacerte correr – digo tomándolo nuevamente entre mis brazos, sentándolo a horcajadas sobre mis piernas.

- Yuya, hace mucho tiempo que nadie entra en mí, así que te pido que seas gentil, por favor – dice mirándome con súplica y con un enorme sonrojo en su rostro.

- Lo haré – digo besándolo dulcemente, para luego hacer que éste lama dos de mis dedos, que al estar debidamente lubricados los llevo hasta su entrada, haciéndolo estremecer por la intromisión. Vuelvo a besarlo distrayéndolo del dolor y al sentir que ya está lo completamente dilatado, lo acuesto nuevamente sobre la cama, ansioso de saber que dentro de tan poco seré uno con él.

- Hazlo… - Susurra brindándome una tierna sonrisa, yo sonrío también, llevando mis labios a su frente, bajándolos hasta sus labios, adentrándome poco a poco en él, saliendo un quejido de dolor que es amortiguado por nuestros besos. Me muevo lentamente, esperando a que él se acostumbre y aquello no demoró. Más pronto de lo que pensé ya estaba gimiendo incontrolable, pidiéndome que lo embista más rápido y fuerte, clavando sus uñas en mi espalda, haciéndome sentir ese dolor placentero que tanto me encanta.

Volvemos a juntar nuestros labios, mientras que Yuri con sus piernas rodea mi cintura, haciendo que entre mucho más en él, llevando el mismo vaivén hasta que nos corremos casi al mismo tiempo, con nuestros cuerpos totalmente empapados de sudor y con nuestras respiraciones agitadas, tratando de calmarlas después del orgasmo.

- Te amo Yuya – dice Yuri acariciando mi mejilla, sonriéndome dulcemente.

- Yo también te amo, muchísimo – digo saliendo lentamente de su interior, acostándome a su lado, acobijándolo entre mis brazos.

- Ahora sí que estoy agotado – sonríe exhausto, acariciando mi pecho.

- Deberíamos dormir – digo acariciando su cabello, pero no recibo respuesta alguna, Yuri se ha quedado dormido. Sonrío al verlo tan adorable y después de darle un último beso, también me dispongo a dormir.


*Okura Tadayoshi*

- Debería de darte un premio por encontrar a Ryutaro – dice Yasu abrazándome por la espalda luego de salir ambos del baño, después de habernos duchado juntos.

- No tienes que darme un premio por eso, hice lo que cualquier padre preocupado haría.

- Lo sé y por eso te lo mereces – dice besando mi espalda – pero recuerda que primero me debes un castigo – dice posando su mano en mi entrepierna, cubierta por una toalla amarrada a mi cintura, apretando con algo de fuerza sobre ésta.

- Yasu… ¿No sería mejor esperar hasta mañana? – Pregunto tratando de apartarme de su lado, pero sin éxito alguno

- Pero esta tarde dijiste que te dejarías castigar por mí ¿o lo olvidaste? – Dice seductoramente, quitándome rápidamente la toalla, dejándome totalmente desnudo.

- Sí, lo sé, pero éste ha sido un día largo y cansado y pues… - Digo retrocediendo cada vez que él da un paso adelante, hasta que caigo sobre la cama al tropezarme con ésta.

- Pero yo tengo muchas ganas de hacerlo – dice acomodándose encima de mí, sonriéndome de esa manera tan atemorizante, quitándose antes la toalla, quedando ambos en las mismas condiciones, viendo su pene completamente erecto, haciendo que me ponga mucho más nervioso.

- ¿Seguro que no puedes esperar hasta mañana? – Digo nervioso.

- Ya he esperado más de un día, no creo poder esperar más – dice llevando sus labios a mi cuello, besándolo y mordiéndolo con vehemencia, sacándome leves gemidos y más al sentir una de sus manos entre mis nalgas - ¿te gusta que te toque ahí? – dice rozando mi entrada.

- Ah… Yasu… - Jadeo al sentir más caricias en esa parte.

- Perdóname Yoshi – susurra antes de besarme en los labios – sé que te dije que sería amable, pero es que ya no puedo.

- ¿Eh? ¿Qué piensas hacer? – Pregunto asustado, sintiendo algo duro golpear contra mis nalgas.

- Te amo – dice para luego entrar en mi de una sola estocada, soltando un grito de completo dolor por tal atropello a mi orgullo de hombre.

Las embestidas se hacen cada vez más rápidas y profundas y por más que quiero ocultarlo no puedo dejar de gemir de placer. Maldita sea la primera vez que le permití que me lo hiciera, pero aunque es doloroso al principio luego se siente muy bien, pero no me puedo permitir pensar eso, mi orgullo de hombre cada vez se encuentra más pisoteado. Luego de unas embestidas más, siento mi interior ser mojado por su semen, recibiendo un hambriento beso de su parte, para después correrme entre nuestros cuerpos.

- Te amo Yoshi – dice nuevamente, ahora con su tierna sonrisa, saliendo de mi interior, aprovechando eso para apartarme de su lado y acostarme casi al borde de la cama, siendo nuevamente abrazado por él.

- Yo también – digo tapándome con las sábanas hasta la cabeza, avergonzado y humillado por segunda vez. Sólo le permito que me lo haga, porque lo amo.

CONTINUARÁ...